Jesús y la mujer Samaritana


Jesús y sus discípulos viajaban de Judea a Galilea y le era necesario pasar por Samaria.
Al llegar a Sicar Jesús se sentó a descansar junto a un pozo de agua y una mujer Samaritana se acerca a él.
Jesús le pide que le de agua para beber, pero ella viendo que era Judío, no quiso darle de beber.
Entonces Jesús le dijo «Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: ‘Dame de beber’, tú le pedirías, y él te daría agua viva».
Ella sin entender lo que Jesús le decía, le pregunta de donde sacaría el agua, a lo que él le contesta «Cualquiera que beba de esta agua volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna».
En ese momento la mujer comprende que hay algo especial en él, por lo que intenta que Jesús le explique porque la diferencia entre Judíos y Samaritanos en el lugar de adoración. Y Jesús le contesta «Mujer, créeme que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque también el Padre tales adoradores busca que lo adoren. Dios es Espíritu, y los que lo adora, en espíritu y en verdad es necesario que lo adoren».
A lo que la mujer le contesta que sabe que va a venir el Cristo y que él les declararía toda la verdad, a lo que Jesús le contesta con un categórico «Yo soy, el que habla contigo».


Así como nosotros hoy en día nos vamos separando en grupos con ideologías afines, Judíos y Samaritanos se habían separado mucho tiempo antes de Jesús. Aunque en los inicios eran parte del mismo pueblo de Israel, se habían separado política y religiosamente. Hasta el punto de pelear por donde se debería de adorar a Dios, en lugar de hacerlo en Jerusalén, los Samaritanos decían que se debía hacer en el monte Gerizim y esa discusión llegó hasta el día que Jesús trajo luz al problema.

Cuantas veces, así como los Samaritanos, nos ponemos a discutir y nos dividimos por doctrinas o leyes humanas, cuando lo que busca él son «verdaderos adoradores que adoran al Padre en espíritu y verdad». Muchas veces esas divisiones nos llevan a perder el punto, el centro del tema principal, no es el lugar ni la forma, es la entrega de nuestros corazones para adorar al Padre en espíritu y verdad.

Si pudiéramos sacarnos el peso que cargamos en nuestras mochilas, que la religión y nosotros mismos, nos ponemos en nuestras espaldas todo sería mucho mas simple. Él esta mucho mas cerca de lo que nosotros pensamos, pero justamente es lo que pensamos lo que nos aleja de él.

Un comentario sobre “Jesús y la mujer Samaritana

  • el 13 noviembre, 2018 a las 6:23 pm
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    Los judios nunca quisieron. Ha jesus es una tristesa

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