La nueva manera de vivir (parte 2)

La vida es un camino que debemos de transitar obligadamente. Debemos tomar decisiones, no podemos vivir sin determinar para donde caminamos. No tomar una decisión es una decisión en sí misma. El camino de la vida es sinuoso, no es fácil y más difícil aun si no tenemos una guía y una meta final que alcanzar.

Jesús dijo yo soy el camino que deben caminar para alcanzar la meta, para la cual fuimos creados. Además de ser el camino es la verdad y la vida, mostrándonos que Él es el único al que nos debemos aferrar para caminar por este camino de la vida. Cuando decidimos entregarnos a su camino, a su verdad y a la vida en Cristo, la transformación comienza en nuestras vidas.


Pues por el bautismo fuimos sepultados con Cristo, y morimos para ser resucitados y vivir una vida nueva, así como Cristo fue resucitado por el glorioso poder del Padre.
Romanos 6:4


En este versículo vemos que con el bautismo somos sepultados con Cristo y resucitados para vivir una nueva vida. Un nuevo camino comienza en nuestra vida y es su luz la que iluminara esta senda por la que debemos transitar.

Si nos hemos unido a Cristo en una muerte como la suya, también nos uniremos a él en su resurrección. Sabemos que lo que antes éramos fue crucificado con Cristo, para que el poder de nuestra naturaleza pecadora quedara destruido y ya no siguiéramos siendo esclavos del pecado. Porque, cuando uno muere, queda libre del pecado. Si nosotros hemos muerto con Cristo, confiamos en que también viviremos con él. Sabemos que Cristo, habiendo resucitado, no volverá a morir. La muerte ya no tiene poder sobre él. Pues Cristo, al morir, murió de una vez para siempre respecto al pecado; pero al vivir, vive para Dios. Así también, ustedes considérense muertos respecto al pecado, pero vivos para Dios en unión con Cristo Jesús.


Por lo tanto, no dejen ustedes que el pecado siga dominando en su cuerpo mortal y que los siga obligando a obedecer los deseos del cuerpo. No entreguen su cuerpo al pecado, como instrumento para hacer lo malo. Al contrario, entréguense a Dios, como personas que han muerto y han vuelto a vivir, y entréguenle su cuerpo como instrumento para hacer lo que es justo ante él. Así el pecado ya no tendrá poder sobre ustedes, pues no están sujetos a la ley sino a la bondad de Dios.
Romanos 6:5-14


Cuando nos hemos unido con Cristo, por medio del bautismo, nuestra naturaleza pecadora ha sido destruida y la naturaleza de Cristo entra a nuestras vidas. Ya que dos identidades no pueden coexistir en un mismo cuerpo, debemos despojarnos de la naturaleza pecadora. Como dice en estos versículos no debemos dejar que el pecado siga dominando nuestras vidas, sino que debemos entregar nuestro cuerpo como instrumento para hacer lo que es justo ante Él.


Esto, pues, es lo que les digo y les encargo en el nombre del Señor: que ya no vivan más como los paganos, los cuales viven de acuerdo con sus equivocados criterios y tienen oscurecido el entendimiento. Ellos no gozan de la vida que viene de Dios, porque son ignorantes a causa de lo insensible de su corazón. Se han endurecido y se han entregado al vicio, cometiendo sin freno toda clase de cosas impuras. Pero ustedes no conocieron a Cristo para vivir así, pues ciertamente oyeron el mensaje acerca de él y aprendieron a vivir como él lo quiere, según la verdad que está en Jesús. Por eso, deben ustedes renunciar a su antigua manera de vivir y despojarse de lo que antes eran, ya que todo eso se ha corrompido, a causa de los deseos engañosos. Deben renovarse espiritualmente en su manera de juzgar, y revestirse de la nueva naturaleza, creada a imagen de Dios y que se distingue por una vida recta y pura, basada en la verdad.
Efesios 4:17-24


Al caminar por esta vida según nuestros deseos fuimos endureciendo nuestros corazones, el pecado se fue convirtiendo en un hábito y se apodero de nuestras vidas. Empezamos a ver lo malo como bueno, a justificar nuestras acciones y sin comprender la trascendencia de nuestras actitudes. Pero al morir con Cristo hemos sido revestidos con una nueva naturaleza, que aborrece el pecado, y el Espíritu Santo nos comienza a convencer de nuestros pecados, para que así podamos arrepentirnos y cambiar nuestra actitud.

Por lo tanto, ya no mientan más, sino diga cada uno la verdad a su prójimo, porque todos somos miembros de un mismo cuerpo. Si se enojan, no pequen; que el enojo no les dure todo el día. No le den oportunidad al diablo. El que robaba, deje de robar y póngase a trabajar, realizando un buen trabajo con sus manos para que tenga algo que dar a los necesitados.

No digan malas palabras, sino sólo palabras buenas que edifiquen la comunidad y traigan beneficios a quienes las escuchen. No hagan que se entristezca el Espíritu Santo de Dios, con el que ustedes han sido sellados para distinguirlos como propiedad de Dios el día en que él les dé la liberación definitiva.


Alejen de ustedes la amargura, las pasiones, los enojos, los gritos, los insultos y toda clase de maldad. Sean buenos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, como Dios los perdonó a ustedes en Cristo.
Efesios 4:17-32


Muchas cosas nos diferencian de los animales, una de ellas es la posibilidad de hablar. Con el habla no solamente podes expresar nuestras ideas, deseos y pensamientos, sino que también reflejamos en ella nuestro estado de ánimo. La mayoría de los pecados los realizamos con el habla o esta es parte del pecado.

Podemos analizar el deterioro de la sociedad viendo la forma en la que entablamos conversaciones. El vocabulario que utilizamos y los temas que abordamos son un síntoma de este deterioro. La insolencia, irreverencia, agresividad, pesimismo, ironía, vanidad y morbosidad muestra claramente lo que está en nuestro interior.


Pero lo que sale de la boca viene del interior del hombre; y eso es lo que lo hace impuro. Porque del interior del hombre salen los malos pensamientos, los asesinatos, el adulterio, la inmoralidad sexual, los robos, las mentiras y los insultos.
Mateo 15:18-19


Este deterioro lo podemos ver en la forma en que usamos malas palabras, blasfemias, insultos y groserías en nuestra vida diaria. La utilización de esta manera de hablar, y el no haber sido justamente corregidos, hizo que esta manera de entablar conversaciones se convierta en un hábito. En estas últimas generaciones vemos como las malas palabras se han convertido en moneda corriente y ya no es corregida, por entenderse como algo que hacen todos, o simplemente por no comprender la trascendencia de nuestros actos.

Pero además de estas malas palabras, vemos otras actitudes que son contrarias a la voluntad de Dios, de las cuales, quizás no hemos sido consientes. Las obscenidades, chistes, conversaciones y cuentos obscenos, palabras deshonestas, expresiones hirientes, ofensas, palabras ásperas, griterías, escarnios, burlas, sarcasmos, cargadas, detracciones, chismes, murmuraciones, calumnias, quejas, rezongos, protestas, lamentos, liviandades, frivolidades y necedades. Todas estas expresiones atentan contra la convivencia y las relaciones sociales. Buscan dañar, denigrar y desacreditar la imagen de los demás.

Estas palabras salen del corazón, como hemos visto, pero también hemos sido revestidos con una nueva naturaleza. Y un nuevo corazón se nos ha dado, uno que ama lo que Él ama. Por lo que, nuestro vocabulario debe cambiar.


No hay árbol bueno que pueda dar fruto malo, ni árbol malo que pueda dar fruto bueno. Cada árbol se conoce por su fruto: no se cosechan higos de los espinos, ni se recogen uvas de las zarzas. El hombre bueno dice cosas buenas porque el bien está en su corazón, y el hombre malo dice cosas malas porque el mal está en su corazón. Pues de lo que abunda en su corazón habla su boca.
Lucas 6:43-45


Todo lo que digamos tiene que ser para la edificación de los oyentes, por lo que el tono, contenido y espíritu debe edificar a quienes nos están escuchando. En este caso, vemos, como las malas palabras y las obscenidades no contribuyen en nada a la edificación del oyente o de lo que estemos hablando.

Toda conversación debe ser hecha en el nombre del Señor Jesús, por lo tanto, todo lo que hablamos debe revelar la naturaleza y el carácter de Jesús. Las palabras que pronunciamos provienen de la carne o del Espíritu. Si es de la carne, revela nuestro carácter y persona, pero si viene del Espíritu, revela el carácter y la persona de Jesús. Cada vez que hablamos SU carácter debe ser revelado, su amor, paz, pureza, paciencia, justicia y su propósito.

Todo debe ser dicho con gracia, esto quiere decir, que todo lo que hablemos debe ser agradable para quien nos está escuchando. Una palabra dicha con gracia es mejor recibida por los demás, y la clave para esto es la humildad.

Finalmente, la FE ha de ser siempre la nota dominante de nuestras conversaciones, sin importar las circunstancias la fe debe estar presente. No de una manera superficial, sino con la convicción profunda de que lo que decimos.

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